lunes, 19 de abril de 2010

YO CREO, YO DECIDO

Mientras la SGAE perpetra su próximo ataque para salir de sus números rojos y el gobierno le insta a cobrar derechos de obras con licencia copy-left, yo me pregunto...¿y qué pinto yo en medio de todo esto?
Hace unas semanas se reunían varios ministros de cultura de varios países para charlar... esto de los foros que tanto se estila últimamente. Si pensáis que llegaron a alguna conclusión práctica y razonable por favor hacédmelo saber porque creo que lo único que hacen es pasearse y tomar cafés. Andan tan apurados entre reuniones y forums en busca de marcos legales y soluciones conjuntas contra la piratería que se olvidan de escuchar al pueblo y de escuchar a sus artistas. Es la crónica de una decepción anunciada. Todo suena siempre a lo mismo y a nada en particular porque solo se conseguirá cerrar algunas webs y poco más. Quedaremos a expensas de... lo siento ¿de qué o de quién? ¿de ellos? ¡¡Pero si no nos echan cuenta!!
Un payaso (Leo Bassi) ya advierte de que si él puede engañarnos qué no podrán hacer ministros rodeados de intelectuales y asesores. Y si un sabio como Eduard Punset dice "no al control de internet" pues qué queréis que os diga, no podemos estar tan equivocados.
La protección intelectual se llevó por enésima vez a debate, para nada. O quizás si. Porque esta última vez se sintieron vigilados , se sintieron examinados por una parte de la sociedad, una sociedad crítica que no les consiente que manejen a su antojo las leyes y nos intenten engatusar con su verborrea.
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sábado, 10 de abril de 2010

MÚSICA EN LA CALLE

¿Y por qué no? Mientras no se moleste a los vecinos y se haga en sitios adecuados...¿por qué no?
Lleva de vida espacios que de otro modo estarían muertos. Llena de sonidos armoniosos lugares desiertos. Acompaña a las gentes en su tránsito por las calles, puede dar ritmo a sus andares e incluso alegrarles el día. No cuesta nada, quizás unos céntimos a aquellos a los que guste el artista con el que se encuentran por sorpresa endulzando la tarde en una esquina de la gran ciudad.
No permitirlo no solo es reprimir el arte de aquel que lo da, también es reprimir las ganas de aquel que lo recibe.
Me encanta pasear por una ciudad que tiene artistas en sus calles, la hace cambiante y viva, me hace caminar con ganas esperando la sorpresa que vendrá en la siguiente plaza o en la siguiente manzana. La ciudad habla en un idioma que pueden todos comprender, y muchos son los que se acercan a escuchar con más detenimiento, a prestar atención a aquel que quiere contarles algo...solo te lleva unos minutos, y para cuando te hayas ido ya habrá alguien ocupando tu butaca-acera. Y todos se sienten agradecidos de poder disfrutar, aunque sea brevemente, de un espectáculo tan espontáneo. En la gorra dejarás o no tu muestra de gratitud a ese o esa artista que, de un modo natural y aparentemente improvisado, ha llenado un pequeño espacio de la ciudad de alborozo.
¿Qué impide que esto suceda? ¿Qué nos ha hecho tan estirados y tan poco espontáneos? Tanta monotonía no puede ser buena y tan poca creatividad tampoco. Dejemos que se llenen nuestros sentidos de colores, sabores, olores y, por supuesto, sonidos... enriquecerá nuestras vidas, os lo aseguro.
Podemos cambiar...